martes, marzo 21, 2006

El Señor Presidente

Onírico y realista; incisivo y lírico; cruel y humano; perverso y romántico. Verdad.
La novela del premio Nobel guatemalteco, Miguel Ángel Asturias, El Señor Presidente, es un tiro de gracia a la frágil corteza de virtud con que envolvemos al ser humano. Sin embargo, no olvida el sufrimiento de las víctimas inocentes, causado de una forma tan arbitraria como el Proceso de Kafka, pero más siniestra.
No versa sobre un dictador, sino sobre la dictadura y como ésta envenena cada uno de los ámbitos y vidas de un país, sin que quede ningún resquicio para respirar. La delación, el servilismo, el miedo, la injusticia, la impunidad, la traición, la indignidad contaminan hasta la asfixia a todos los ciudadanos. Cada día puede convertirse en fatal, sin hacer nada por provocar la fatalidad, pero sin poder hacer nada para evitarla una vez que se presenta.
Un país que ha pasado tantos años por eso, difícilmente se recupera. Y no ha pasado tanto tiempo.
El amor, presentado como una forma de redención y vocación de huida, no hace sino provocar una respuesta aún más atroz de las fuerzas oscuras de carne y hueso. La esperanza del amor, de la evasión, acaba en una vía muerta, en una mazmorra, en la locura, en la muerte.
Es un universo absolutamente reconocible. Para cualquiera. Incluso para el que jamás ha vivido o imaginado una situación así. Porque nos pertenece, somos nosotros o lo hemos sido, o lo seremos. Está en nuestra memoria atávica, en la histórica, en la reciente, en nuestras tendencias más tenebrosas.
Pero, no es inevitable.

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