LA HUELGA DE LA DOLORES
Calles cortadas, miles de personas a la orilla de la calles, comercios cerrados, policía acuartelada. Una procesión impía, bulliciosa y descarada se acerca.
Los estudiantes de la Universidad San Carlos de Guatemala celebraron ayer la Huelga de la Dolores: un desfile carnavalesco, paródico y mordaz por el centro de la capital. Una tradición de 108 años que ha sobrevivido a todo tipo de regímenes políticos y climas sociales manteniendo su carácter crítico, irreverente y hasta violento.
Cientos de estudiantes, encapuchados o disfrazados, insultan al poder político y económico; denuncian la pobreza y la ingobernabilidad; interpretan, ríen, bailan, beben. Carrozas burlonas ocupan las calles y se detienen para lanzar sus proclamas y ofensas ante el palacio de la Policía Nacional Civil. Con la puerta cerrada, los agentes esperan a que pase el vendaval.
Ese día, y durante más de un siglo, los estudiantes editan un periódico llamado No Nos Tientes, dedicado a despedazar la realidad guatemalteca, siempre con el arma del sarcasmo. El ejército, la policía, la iglesia, el imperialismo estadounidense, los políticos y la clase alta han sido siempre el blanco de los artículos y caricaturas. Incluso cuando sacar adelante la huelga y el periódico se pagaba fácilmente con la vida. En las difíciles décadas de los 60, 70 y 80, con la guerra civil, las dictaduas militares y las políticas de tierra arrasada, No Nos Tientes se sacó a la calle con elevadas dosis de brillantez, valentía y contundencia crítica.
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