miércoles, abril 12, 2006

Militar de mi corazon, protege mis sueños



Guatemala: entre el 1 de enero y el 31 de marzo de este año, más de 2.000 personas han sido aniquiladas. La impunidad es la norma.
Las maras (pandillas) se han convertido en la cabeza de turco para todos los males del país y las promesas de mano dura y seguridad son el fácil reclamo de candidatos presidenciales en toda Centroamérica.
Las policías de la región calculan en unos ochenta mil el número de pandilleros.
Pero, como ocurre en los países del Norte con el islamismo, el terrorismo y antes con el comunismo, las maras se han convertido en las excusa perfecta para movilizar a las fuerzas armadas y restringir derechos civiles.
La II Convención Antipandillas, que reunió a fiscales y policías de Estados Unidos, México y Centroamérica en San Salvador, finalizó la semana pasada con preocupantes conclusiones. Endurecer las leyes migratorias, así como permitir la intervención de llamadas telefónica y de la correspondencia fueron algunas de las medidas acordadas en la reunión.
Las pandillas son, en efecto, un problema de seguridad que hastía a la población centroamericana, ya de por sí golpeada por la pobreza y la discriminación. Pero, también es un rompecabezas que hunde sus raíces en la ausencia de futuro de los jóvenes, el paro, la falta de educación, la criminalización de la droga, la desigualdad económica y el racismo.

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