Diario de Moscu (III)
Buscó en la guía telefónica, pero los nombres de los restaurantes no eran lo suficientemente descriptivos como para elegir uno. Algunos habían llamado su atención, pero podría ser que el dueño tuviera más dominio del léxico que de la cocina; o que fuesen demasiado caros, o demasiado insalubres.
Isaac se recostó en el sofá con el pesado volúmen cargado de nombres, direcciones y teléfonos sobre el pecho. Sintió el deseo de agitar la guía abierta y de que todos esos nombres, direcciones y teléfonos salieran disparados sembrando de dígitos el suelo del salón, la alfombra y las cortinas. También pensó en cerrar el libro y removerlo, mezclando todos los datos hasta que ningún nombre se correspondiera con su verdadera dirección, ni ningún teléfono con su verdadero dueño.
Pero no hizo nada de eso. Se incorporó, pasó el dedo índice sobre la preselección de restaurantes que había anotado en un papel arrugado y llamó al más prometedor. Le informaron de que era comida oriental. Desconcertado, no se negó a reservar una mesa para dos. Nunca había probado el sushi.
Dalia acabó de vestirse y se retocó las dudas una vez más, antes de mirarse de reojo en un pequeño y viejo espejo circular. Cerró la puerta sabiendo que llegaba tarde.
Isaac decidió, sentado sólo a la mesa, que omitiría en su diario el retraso de Dalia. Sorbió algo de cerveza, miró el reloj y se preguntó dónde estaría a las once menos cuarto.
La época de lluvias continuaba tozuda. Tal vez en Moscú esté nevando, se dijo. Dalia apareció de repente, sin hacer ruido, ocupando discretamente su silla.
Al salir, la lluvia había cesado y Dalia había disfrutado del pescado crudo.
1 Comments:
microrelato pamba.
arencibia
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