viernes, mayo 12, 2006

Duele Belgica (Parte I)

Amberes es una ciudad hermosa, activa comercial y culturalmente, multiétnica, portuaria, universitaria y cívica... Es un importante centro del diseño de moda, de acogedores restaurantes, de bares con centenares de clases de cerveza y mejillones al vapor, de disccotecas y joyerías. Por sus calles adoquinadas transitan en un delicado equilibrio coches, autobuses, tranvías eléctricos y, por supuesto, ciclistas. En un mismo día luce el sol, nieva, llueve y azota el viento. El formidable río Schelde atraviesa la urbe tranquilo, profundo y oscuro. Sobre él flotan enormes buques, pero no hay puentes: sólo algunos pasadizos subterráneos que sirven para cruzar a la otra orilla.
Los jueves, estudiantes universitarios venidos de todas partes llenan los bares hasta el amanecer, dejando en la puerta sus bicicletas y tragando litros y litros de cerveza.
La catedral gótica y el edificio del ayuntamiento recuerdan que Amberes fue ya un centro burgués, rico y culto en la Edad Media y que vivió un Renacimiento diferente, marcado por la pintura Flamenca. Allí aprendieron desde Van Eyck a Van Dyck o de Vermeer a Van Gogh.
En Amberes se habla flamenco, una variación del neerlandés, pero a diferencia de Holanda, se mantuvo católica.
La bella y modernista Estación Central es un centro neurálgico ferroviario con trenes partiendo y arribando constante y puntualmente hacia Bruselas, Amsterdam, París, Brujas, Gante, Lieja...
La ciudad late al ritmo de Europa: ese sueño de civilidad y prosperidad. Bélgica tiene uno de los índices de desarrollo humano más altos del mundo.

1 Comments:

At 8:07 p. m., Anonymous Anónimo said...

Nice colors. Keep up the good work. thnx!
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